Genio y Figura
Un mal perdedor
Francisco BUENROSTRO
Acabó ya el Mundial de Futbol, con más negativos que positivos, si se analiza fríamente y sin apasionamientos, pero que sirvió para distraer la atención de temas en verdad trascendentales y para que la FIFA se hiciera todavía más rica, sin olvidar el ego de su presidente Giani Infantino, pero, sobre todo, del dirigente norteamericano Donald Trump, que uso el escaparate de este evento internacional para presumir la cara bonita de los Estados Unidos, como son los estadios monumentales y su logística casi perfecta, sirviendo para crear una cortina de humo, temporal, pero efectiva, sobre temas trascendentales como las deportaciones, los aranceles y los conflictos bélicos.
Pero no me desviaré más del tema que me llevó a titular así mi columna el día de hoy, porque para mí el mejor juego de la justa mundialista no fue el partido final, no, al contrario, fue el siempre despreciado encuentro por el tercer lugar, con un épico marcador: Inglaterra 6-4 Francia… Un duelo de poder a poder, que si bien dominó en su totalidad en una primera mitad el conjunto inglés, terminó siendo muy entretenido gracias a la respuesta de los galos, que si no alcanzó para doblegar a su rival, sí para que Mbappé consiguiera un doblete, que le dio el título de goleo en el torneo. Pero hablemos… O más bien, escribamos ahora sí sobre el partido final, donde los argentinos salieron a cerrar todos los espacios, sin buscar ni de casualidad anotar, sólo evitar que les metieran gol, demostrando que no fue casualidad que se le indigestaran equipos como Cabo Verde, Egipto o Suiza, sino más bien resultado de su mal accionar que no se notó del todo, la mayor parte del campeonato, debido a las genialidades de Messi.
Sin embargo, más allá de buscar alargar el juego final a la tanda de tiros penales, esperando que su arquero “El Dibu” Martínez, nefasto como persona, pero espectacular en la portería, pudiera darles el bicampeonato a los argentinos, cabe destacar que se valieron de cuanta marrullería pudieron para alargar las acciones, metiéndole la pierna al rival, no a la pelota; simulando faltas (incluyendo la que, supuestamente, provocó que le anularan uno de los dos goles que para el árbitro y el VAR no contaron para los españoles), y cuando ya vieron todo perdido golpeando descaradamente como el puñetazo que le propino Molina a Rodri, una vez que había concluido el partido.
Definitivamente, un muy mal perdedor resultó Argentina, lo que es una lástima, algo que se notó, por ejemplo, en que los jugadores pamperos se voltearon dando la espalda al escenario mientras se realizaba la ceremonia de premiación de la Copa del Mundo, incluyendo la entrega de medallas a los españoles. No obstante, al final se hizo justicia, ganó el mejor, porque de haberle salido la estrategia a la selección Argentina, si hubiera ganado el torneo con esa premisa tan burda de meter a todos en la defensa, hubieran dado un pésimo ejemplo para los millones de aficionados, pero sobre todo para las nuevas generaciones, que o bien se desencantan del juego o terminarían por creer que así es como se gana, buscando destruir y no crear, si hubiera ganado Argentina, habría perdido, sin duda, el futbol.
Por último, mención aparte a Messi, quien los últimos minutos del juego, ya con el gol en contra, desde luego, recordó lo grande que es y fue quien insistió metiendo centros para que un compañero lograra el remate que igualara el encuentro, desesperado, sí, pero sin querer lucirse solo, sino tratando de hacer la diferencia, haciendo parecer que el estratega Scaloni lo había tenido amarrado más de cien minutos, lo que a la larga les costó el partido y también el bicampeonato.
