Opinion

Paracaídas

El megáfono de Yani Valencia

Rogelio GUEDEA

La última vez que la vi acompañaba a una mujer a la que le habían quitado injustamente a sus hijos. Hacía gestiones para ella, con la misma entrega que antes ha luchado por otras causas. Yo vi a la víctima y me confirmó, con una cara de tristeza e indignación, lo que le estaba pasando.

Conozco a Yani desde la primaria, siempre ha sido así: valiente sin ser temeraria, crítica sin ser inconsecuente y de convicciones muy firmes sin caer en fanatismos.

Además de ser un gran ser humano. Es un ejemplo claro precisamente de muchas de las conquistas por las que por décadas lucharon las mujeres, y que finalmente han cristalizado.

Pero tal parece que esto, contradictoriamente, son, para el caso de Yani, defectos, vicios reprochables, pecados que deben purgarse en el infierno.

No lo entiendo. Hace unos días, debido al uso que hizo de su megáfono, representación de una voz que quiere hacerse escuchar a como dé lugar, recibió una especie de linchamiento público, que incluyó incluso amenazas.

Lo curioso es que muchas y muchos de los que ahora la linchan fueron en otro tiempo también linchados y linchadas, por iguales o parecidas razones, y protestaron firmemente por ello.

¿No querían que las mujeres tuvieran voz, una voz legítima que pudiera realmente incidir en el debate público y no permanecer como una simple invitada de piedra?

Pues no lo parece, pues Yani tiene que usar un megáfono para hacerse escuchar, y tiene además que ser fuerte para que no se lo arrebaten.

Yani ha cuestionado algunos de mis artículos, y qué bueno, así es ella, ya lo dije, pero no por ello voy a intentar quitarle su megáfono ni pisotear su voz. Jamás lo haría. No me convertiré en aquello que criticó.

Por eso escribo esto: no solo para expresarle la sororidad que muchas mujeres y asociaciones le han remilgado (en este momento en que la violencia es guiada por la estulticia) sino porque disentir debe ser la marca de nuestro momento, el veneno más letal para la intolerancia y la única vía de nuestro desarrollo.

Lo otro es ir hacia atrás, retroceder hasta perdernos otra vez en lo que tanto odiamos y repetir todo aquello que nos indignaba. Que no nos divida, pues, la sinrazón ni nos polarice el resentimiento. El megáfono de Yani, voz de muchos, hoy peligra y hay que utilizar todos los medios posibles para mantenerlo a salvo.

Rogelio Guedea

rguedea@ucol.mx

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website: www.rogelioguedea.com

twitter: @rogelioguedea

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