Opinion

Pupitre al Fondo

En PISA reprobados y como sociedad también

Blanca F. GÓNGORA

Con un abrazo solidario para el colectivo de la

secundaria “José Vasconcelos” T.M., y el deseo

de la pronta recuperación física de los agredidos y

la recuperación emocional de todos.

Mi artículo de hoy solo trataba sobre los resultados obtenidos en la evaluación internacional llamada PISA, donde por el lado que le veamos nos fue mal. Seguimos reprobados en matemáticas, lectura y ciencias, esta última manteniéndose estable; no bajaron más los puntajes, pero tampoco nos da para presumirlos.

Decía que estamos mal en lectura  porque,  entre otras razones, la mayoría los padres de familia no leen y se han visto atrapados por el “escroleo” rápido del celular en vez de por un libro, porque el libro no es fundamental en las casas, porque nuestras infancias están atrapadas en las pantallas y los propios padres las proporcionan y las mantienen (pagan saldo, datos, teléfonos), porque muchos docentes ya tampoco leen, pobres, entre desplazamientos a dos o más centros de trabajo y otros empleos para completar sus ingresos ya no tienen ni tiempo para hacerlo, ni presupuesto para comprarse libros; porque en muchas de las escuelas de educación básica del país no hay bibliotecas, ni libros, como sí los hay en los países esos que tienen mejores puntajes, porque ellos no conciben escuelas sin libros, son la razón de ser de las escuelas. Sí, ellos también bajaron en puntajes, pero nosotros no hemos tenido nunca el lujo de estar en esas ligas y bajar… ¡En esas nos viéramos!

También iba a decir que en matemáticas estamos reprobados porque obviamente si nuestros alumnos no saben leer, tampoco podrán entender un planteamiento matemático ni otras áreas de aprendizaje. Iba a decir más sobre eso, pero pasó lo que pasó en la secundaria que tanto quiero y se me vinieron las lágrimas porque ninguna escuela, ningún estudiante, ningún colectivo, ningún trabajador de la educación tendría que estar pasando por esto.

Lo he dicho en artículos anteriores, el problema no es la escuela, ni los directivos, ni los docentes, ni los estudiantes. El problema es sistémico porque como sociedad estamos también reprobados, cada vez más imprudentes, menos cautos, más irascibles, más prestos a juzgar que a hacer la parte que a cada quien le corresponde; todavía no se daban los primeros auxilios a la prefecta y a los niños y ya estaban las especulaciones, las culpas, el linchamiento social. Ya estaban incluso los mismos padres de familia dando indicaciones sobre qué se debe hacer en las escuelas, cómo deben proceder los maestros, qué tendrían que haber hecho los directivos; ¿y la tarea y responsabilidad de los padres de familia con sus propios hijos?, ¿y la permisividad?, ¿y lo que ocultan y no declaran a las escuelas cuando quieren inscribir a sus hijos?, ¿y todas las veces que los padres son omisos?,  ¿y la oposición y resistencia a las reglas escolares amparados en el tan repetido “derecho a la educación?, ¿y los valores y buenos hábitos que se inculcan en casa?, ¿y los conflictos familiares entre los que viven nuestras infancias estos días?, ¿y la escucha atenta y afectiva a todo lo que nuestras infancias tienen por contar?…

Sí, faltan psicólogos en las escuelas, pero tampoco son la solución total, ¿cuántos se ocuparían en cada escuela para dar seguimiento real a la gran cantidad de estudiantes con problemáticas particulares?; la operación mochila tampoco es la solución porque lo que los niños ingresan a las escuelas lo traen desde casa y la escuela no debe convertirse en policía (los papás en cambio sí pueden y deben estar al tanto de eso y más). Las escuelas no pueden resolverlo todo y cuando intentan intervenir, muchas veces son los mismos padres de familia los primeros que se oponen y las denuncian. Así, ¿cómo?

Hoy quería decir que si bien duelen los bajos puntajes de la evaluación internacional PISA, duele más el tipo de sociedad en que nos estamos convirtiendo.

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