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“Descubrir una especie es abrir una ventana al mundo”: Montaño

Entrevista con ganador del Premio Estatal al Cuidado del Medio Ambiente 2026 que otorga el Congreso del Estado de Colima, en la categoría de investigación

Redacción – Dimensión

Es un joven recién egresado de la licenciatura en Biología en la Universidad de Colima, pero su pasión por estudiar la vida invisible de Colima viene en sus venas y comenzó antes siquiera de entrar en el programa educativo. Su nombre es Eduardo y su voz suena como alguien que todavía se sorprende de su propio camino. Carlos Eduardo Montaño Ruvalcaba dio entrevista a su casa de estudios, y no habla de la ciencia como una meta lejana ni como un título. La cuenta como quien recuerda una historia que empezó mucho antes de la universidad, cuando aún no sabía que terminaría dedicándose a estudiar serpientes, ranas o lagartos.

“Desde niño me fue gustando la investigación”, dice con naturalidad al reconocer que no hubo un momento exacto de decisión, sino una suma de acercamientos: personas que le enseñaron, trabajos que lo fueron llevando al campo y una curiosidad que permanece constante. Hoy, con cerca de ocho años de trabajo en investigación -aunque en realidad reconoce que viene desde mucho antes- fue galardonado con el Premio Estatal al Cuidado del Medio Ambiente 2026 por el Congreso del Estado de Colima, en la categoría de investigación. Le felicitan, y agradece, pero para él, el reconocimiento no es un punto de llegada.

“Creo que la relevancia está en los aportes que se han hecho, en las especies que hemos descrito junto con otros colaboradores. No sólo para Colima, sino para México”, explica. Habla en plural, con la claridad de quien entiende la ciencia como un trabajo colectivo.

Eduardo ha participado en distintos proyectos sobre anfibios y reptiles a nivel nacional. Algunos de ellos han derivado en hallazgos que, asegura, lo colocan frente a una de las mayores riquezas biológicas del país “Hasta la fecha, hemos descrito más de seis o siete especies, y hay trabajos que están por publicarse. Creo que vamos a cerrar el año con alrededor de diez u once especies nuevas”, comenta, como si aún le costara dimensionarlo.

Habla de Colima con entusiasmo, no por ser sólo su estado natal, sino por lo que representa en términos de biodiversidad. El joven investigador afirma en la entrevista que “aunque Colima es muy pequeño, también es el estado más diverso de México en anfibios y reptiles; en esa contradicción (un territorio reducido con una riqueza biológica enorme) encuentra una de las claves de su trabajo.

¿Qué fue de lo último que estuviste investigando? Y destaca en tono satisfecho: “Una especie de cascabel de cola larga de la región de Manantlán, una serpiente con distribución limitada entre Colima y pequeñas zonas de Jalisco”. A partir de ella, ha analizado desde su dieta hasta la composición de su veneno, “Son estudios importantes porque ayudan a entender mejor su biología”, explica. “Y en México sólo existen tres especies de este tipo de cascabel”.

También ha trabajado con anfibios poco conocidos, como ranas microendémicas e incluso un ajolote local que, al ser expuesto a la luz ultravioleta, mostró un fenómeno inesperado: biofluorescencia “Tenía unas manchas verdes muy llamativas. Fue interesante preguntarnos por qué ocurre eso y qué función tiene”, recuerda.

Carlos Eduardo es egresado de la Facultad de Biología del Campus Tecomán de la Universidad de Colima, donde recientemente concluyó su formación. Pero su paso por la universidad no se limitó a las aulas.

Explica que mientras era estudiante, impartió talleres de manejo responsable de anfibios y reptiles, incluso a alumnos de otras carreras. Lo hacía sin cobrar, dice, como una forma de devolver algo a la comunidad académica. “En campo, los biólogos se encuentran con estos animales y muchas veces no saben cómo actuar. Por eso era importante compartir ese conocimiento”, explica.

Para el joven investigador, la ciencia no termina en los laboratorios ni en los artículos académicos. Tiene un segundo territorio: la divulgación. Afirmó que compartir el conocimiento es una obligación ética. “El conocimiento que no se divulga no sirve de nada”.

En ese contexto, también advierte sobre los riesgos de la divulgación en redes sociales. Para él, se trata de una herramienta poderosa, pero peligrosa si se usa sin rigor. “Hay quienes lo hacen bien, con base científica, pero otros solo buscan likes y terminan desinformando”, explica.

Uno de los problemas que más le preocupa es la relación entre la población y los reptiles. Habló de los mitos que persisten en comunidades rurales, como el uso de cascabeles en remedios sin sustento científico o la creencia de que pueden curar enfermedades. También del miedo que provoca su sola presencia “Se les tiene mucho miedo y se les mata sin entender su importancia ecológica”, dice.

Explicó cómo estos reptiles cumplen una función clave en el control natural de plagas como roedores. “La gente no valora eso. Prefieren matarlos sin saber que están rompiendo un equilibrio natural”, lamentó.

El día que le notificaron el premio, la sorpresa fue total. No lo esperaba. “Estaba dormido cuando empezaron a llamarme y felicitarme. Yo no entendía qué pasaba hasta que me dijeron que había ganado”, recuerda entre risas, reconociendo que más que un reconocimiento personal, lo ve como una responsabilidad. “Espero que esto motive a otros estudiantes a no quedarse en la zona de confort, a seguir investigando y compartiendo conocimiento”.

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