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Genio y figura

¿Cuál es el éxito de la FIL?

Francisco BUENROSTRO

Hay dos formas de contestar al cuestionamiento que da título a mi columna de esta semana: “¿Cuál es el éxito de la FIL?”… Una desde luego es la oficial, destacando que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es la segunda más grande del mundo debido a su importancia como el festival cultural más influyente de Iberoamérica y un punto de encuentro para miles de escritores, editoriales, académicos y visitantes. Su crecimiento constante en participantes y actividades, junto con el gran interés del público y la participación internacional de más de 40 países, la consolidan como un evento global de gran magnitud, solo superado por la Feria del Libro de Fráncfort.

Sin embargo, yo iría más allá, para mí la respuesta tiene que ver con las experiencias, las historias y el sabor de boca que deja este evento a los que acuden ávidos de lecturas que los lleven a mundos imaginarios, a expandir sus conocimientos o, simplemente, a disfrutar de un agradable rato de la mano de plumas que pusieron alma, corazón y vida en sus textos, autores que estaban esperanzados de llegar, justamente, a ese lector que valora lo que plasmó en un ejemplar.

Fundada en 1987, la FIL nació de la necesidad de crear un espacio en que el arte, la cultura y el entretenimiento tuvieran un punto de encuentro; obra del visionario Raúl Padilla López, quien, además de ser fundador también de la Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara (posteriormente convertido en festival fílmico), fue rector de la Universidad de Guadalajara de 1989 a 1994.  

Aunque en sus primeras ediciones no tenía un invitado de honor definido, a partir de 1993, año en que Colombia recibió esta distinción, muchos han sido los países y provincias que enriquecieron con sus aportaciones la oferta literaria y cultural de la FIL Guadalajara, siendo Barcelona el invitado de honor en este año 2025.

Pero volviendo a lo que la FIL significa, al menos para mí, es mucho más amplio que sólo libros, los cuales, ciertamente, son el corazón y pretexto para el encuentro, pero quiero también hacer énfasis en las experiencias que te deja la Feria del Libro, porque los asistentes la viven y disfrutan de muy diversas formas, conociendo a su escritor favorito, encontrando un título que creía imposible de hallar o escuchando una conferencia que nos invita a reflexionar.

Dentro de estos recuerdos, uno de los que más atesoro, fue el día que, como práctica de mi clase de cine, duré junto con mis compañeros dos días grabando un video documental sobre las actividades de la FIL, para lo cual hicimos un plano secuencia de entrada siguiendo en su recorrido por los diferentes pasillos al maestro Carlos Monsivais, quien, como la mayoría de los personajes con los que coincide uno en este evento, son muy accesibles y no tuvo empacho en dejarse grabar con una sonrisa bonachona.

O, por ejemplo, cuando escuché por primera vez a un grupo llamado Café Tacuba, que no era casi conocido en ese momento pero que me impactó con su concepto musical y la energía de todos sus integrantes; aprovechando para asistir en los subsecuentes años a otros conciertos en la explanada de la FIL donde bandas como Santa Sabina, La Maldita Vecindad, Sangre Azteca o la Lupita me tenían simplemente fascinado. 

La lista de libros que he comprado a lo largo de los años en la FIL ya ha rebasado por mucho mi memoria, pero sí recuerdo que cada uno lo leí con entusiasmo, prácticamente sin decepciones, porque todos y cada uno de esos textos fueron filtrados de entre miles y miles de títulos, algo que sólo en la Feria Internacional del Libro se puede lograr.

Finalmente, cerraría diciendo que la FIL la vive cada quién a su manera y ese es para mí el secreto de su éxito, que tiene algo que ofrecer para todos, como la vida misma.

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