Comentario Homilético
Cristo, el único camino seguro para conocer y llegar al Padre
Jn 14,1-12
Pbro. Juan José GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Durante estos domingos de Pascua, el Evangelio de Juan nos ha acompañado en la meditación de los misterios de la resurrección de Cristo. Así como en el domingo anterior con el discurso del Buen pastor (Jn 10,1-10) regresamos cronológicamente a la vida publica de Jesús, también ahora, escucharemos en la oración sacerdotal de Jesús, el discurso sobre el camino para llegar a Dios (Jn 14,1-12). Estos discursos nos preparan hacia el término de la Pascua: la Ascensión de Jesús y la solemnidad de Pentecostés. Hoy meditamos sobre Cristo, camino que conduce y revela al Padre y, profundizaremos en las condiciones necesarias del creyente para poder seguir las huellas de Cristo en su camino al Padre.
En nuestros días, donde reina el espíritu de dispersión y confusión, nos vemos fuertemente afectados y atacados, no solo humanamente, sino, sobre todo, espiritualmente. Hoy tenemos a portada de mano mucha información, por tantos canales y medios, a veces manipulados. Demasiados errores transitan no solo por los medios de comunicación sino también en nuestra cabeza, repercutiendo fuertemente en las decisiones que tomamos y en las proyecciones que tenemos. El futuro sin duda, depende en parte de las decisiones que podamos tomar. Esto podemos aplicarlo en todos los ámbitos de la vida. Pero, vayamos a lo que nos interesa ahora.
Cuando hablamos de la vida personal, del futuro y de nuestra salvación, las cosas se tornan más delicadas. Una mala decisión nos puede arruinar para siempre. Elegir el mal, el pecado y el error nos apartarán sin duda de la meta que es Dios. ¿qué hacer ante tanta desinformación aún en el ámbito espiritual? ¿a quién creerle o en quién confiar? La respuesta es obvia: a quién debemos creer y en quién debemos confiar, es en el Señor. Cristo, en su persona y mensaje nos ofrece todos los medios para llevar una vida tranquila y llegar a Dios. Evitemos el peligro de caminar sin rumbo, o lo que es peor, de llegar a un conformismo espiritual, donde lo poco o lo mucho que se pueda saber de Dios nos dé lo mismo.
En la Escritura encontramos el testimonio de cuántas veces y por cuáles medios Dios conducía a su pueblo. El signo más grande, evidente y palpable es la venida de su Hijo. Cristo es el único que revela al Padre, su misterio y sobre todo su vida íntima. El Evangelio de Juan en este domingo, nos presenta un diálogo entre Jesús y sus discípulos. Por una parte, vemos la claridad de la revelación que hace Cristo sobre el misterio de su unión con Dios, su misión y su identidad, y, por otra parte, la incomprensión y la lentitud de los discípulos para confiar y creer en Él.
El primer elemento que debemos asegurar para llegar a Dios es “creer”, lo dice claramente en el Evangelio: “Creen en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se lo habría dicho; porque voy a prepararles un lugar” (Jn 14,1-2). La fe en Cristo presupone evidentemente la fe en Dios.
La insistencia de Jesús en que creamos en él, tendría que ser ya un fundamento para sentirnos convencidos de lo que somos, de lo que hemos recibido y de lo que hemos creído. Sin esa fe firme y sin la fuerza que viene de Dios los discípulos no hubieran podido revelar el misterio de Cristo que lleva al conocimiento del Dios verdadero. El camino que hemos comenzado en la fe junto con Cristo, tengamos la certeza y la seguridad de que nos lleva a Dios. Dice Jesús: “para que donde esté yo, estén también ustedes” (v. 3), el destino será el mismo: Dios. Si nosotros mediante la fe estamos unidos a Cristo, y sabemos por la fe que, Cristo está unido a Dios, por tanto, estamos seguros, que también nosotros estamos unidos a Dios.
