¿Qué viene?

Ilícito

Sean Osmin HAMUD RUIZ

Estoy entre deprimido y triste.

Me parece surrealista, inverosímil, inquietante, el nivel de irregularidades que se están viviendo en este periodo, que creo también es inédito.

AMLO del 2006 estaría afónico queriendo a gritos callar a la chachalaca del AMLO del 2024. Pero al presidente no le importa. Lo presume y hasta se queja cuando se lo hacen ver. Y claro, hace oídos sordos a la autoridad electoral.

Tenemos candidaturas a algunas alcaldías aquí que por descuido, ignorancia, soberbia o bajeza están buscando legitimarse a través de procesos legales que debieran ser la excepción. La reglamentación al respecto y las convocatorias publicadas son claros, pero ante la evidente irregularidad, se busca justificar, subsanar o de plano brincar estos lineamientos, lo peor, pretextando que se quiere tutelar un derecho humano, en un intento de confundir a la opinión pública queriendo vender un espíritu de la ley sublime cuando la realidad es que sencillamente se generaron los conflictos de interpretación de la ley porque en su momento poco importó estudiar y cumplir con los requerimientos que eran públicos y consultables.

Diputaciones locales que, de manera francamente cínica y amañada, en contubernio con burocracias funcionando en este momento, “cumplen” con el papel, por que así conviene a los intereses de ese grupo.

Campaña presidencial que, sin necesidad de ser un genio en finanzas, claramente se puede observar el exceso de gasto, muy por encima de lo permitido, sin contar la malversación de recursos públicos.

Y en todos niveles, la mentira campeando como el recurso crucial, por encima de la propuesta, contrapropuesta o la discusión inteligente.

Nunca como esta vez el proceso electoral haciendo bucitos en la impunidad, nadando en lo ILÍCITO.

MICROCUENTO

Por enésima ocasión quise conseguirlo y no pude a la primera. Respiré profundamente. Me concentré especialmente en controlar mi pulso. Agudicé la mirada lo más que pude. Humedecí y corté el hilo con cuidado y esmero. Fue inútil. Lo intenté e intenté y creo que más la fe que la precisión hizo el trabajo. Con algo de decepción, pero contento, pude ensartarlo en la aguja.

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