Opinion

Genio y Figura

Valora, siempre valora

Francisco BUENROSTRO

Quienes no tienen agua darían cualquier cosa por tan solo una gota del vital líquido; quienes tienen agua, pero no es potable, desearían que lo fuera para su uso diario; aquellos que sí tienen agua potable aspiran a contar con una tina y no solo una regadera; los que disfrutan de una tina preferirían tener una alberca, para poder hasta nadar; ahora que los que los que se pueden dar el lujo de disfrutar de una alberca anhelan ir más allá y poseer una casa en la playa. Pero… ¿Por qué parar ahí? Los que tienen la fortuna de tener una casa en la playa, desearían tener su propia isla.

Aquí es justamente donde vienen los contrastes, porque hay sólo mil 200 dueños de islas en todo el mundo, pero existen más de 2 mil 200 millones de personas sin acceso a agua potable en el planeta, en tanto que los otros 5 mil 800 millones de personas que habitamos este mundo no estamos tan bien, pero tampoco tan mal.

Mi punto es que en una sociedad aspiracionista, consumista y llenas de clichés, la gente, difícilmente, se puede sentir satisfecha con lo que tiene, porque siempre quiere más, quiere lo que tiene el otro, lo que, muchas veces, es absurdamente costoso, la mayoría de las veces innecesario, porque se lo están vendiendo como una necesidad, aunque no le haga falta.

La frase “el pasto siempre se ve más verde del otro lado” es ampliamente conocida y se basa en la envidia, un sentimiento primario, básico y, por si faltara algo, un pecado capital que, junto con la avaricia, no nos permiten valorar lo que tenemos y no me refiero a ser conformistas, a quedarnos donde estamos, a darnos por vencidos antes de intentarlo, no, claro que no, pero hasta para llegar a la cima debes apreciar cada tramo escalado, disfrutar del ascenso, porque si no, al llegar a la cumbre sentirás una inmensa soledad, en lugar de la satisfacción total.

Pero, dejando de lado las analogías, vayamos a temas cotidianos, que vivimos en el día a día, donde podemos encontrar mil motivos para quejarnos, para renegar de nuestra “suerte”, para culpar de lo que nos pasa a la empresa donde trabajamos, a la escuela donde estudiamos, a nuestros padres, nuestra pareja, nuestros amigos, al gobierno, a casi todo y todos los que se nos ocurran… O podemos valorar lo que tenemos desde que abrimos los ojos al despertar, celebrando que estamos vivos un día más.

La gratitud es un gran valor y dar las gracias a Dios, al universo, a la vida misma, es una forma de apreciar lo que tenemos, porque la diferencia está en cómo percibimos las cosas, no en las situaciones como tal, porque lo que para algunos puede ser la mayor de las tragedias, para otros más representan retos a superar, encontrando motivación donde otros más ven obstáculos insuperables.

Puedes tenerlo todo y sentirte vacío, o puedes carecer de la mayoría de las cosas materiales y estar completamente satisfecho, si aprecias lo que tienes, sea mucho o se poco, pero siempre valorándolo, siempre agradeciendo.

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