Opinion

Comentario Homilético

Quien busca enemistar la Iglesia con la sociedad, viene del Mal

Mt 22,15-22

Pbro. Jorge Armando CASTILLO ELIZONDO

Hermanos, hoy celebramos el Domingo mundial de las misiones. La certeza y la convicción de que la fe es importante para la salvación del mundo impulsa a la Iglesia a llevar el mensaje de Cristo a todos los rincones de la tierra. En la comunión, en la sinodalidad y en la congregación litúrgica se proyecta la evangelización y el anuncio del Reino, pero debemos también reconocer que en otros círculos y ambientes, se proyecta la destrucción del Reino de Dios entre nosotros. Debemos estar seguros de que la sabiduría que viene de Dios nos instruirá y no permitirá que desistamos ante la urgencia del anuncio. La verdad de Dios desvelará los planes de todos los corazones.

Cuando se desea proyectar algo en favor de la vida, debemos tener un consenso, debemos estar de acuerdo y debemos estar unidos. La Iglesia desde sus inicios gozó y goza de un principio fundamental que resguarda y asegura su estabilidad: la Unidad. Cristo había orado insistentemente: “Padre, que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). El mundo cree en Dios, cuando contempla que, por sobre tantos intereses, los creyentes buscan la unidad, la comunión, el bien y la verdad. Por el contrario, el antitestimonio más grande es la división, que desanima y desorienta a aquellos que buscan el bien en Dios. Cristo es el principio de unidad y al mismo tiempo es el garante de la unidad en la Iglesia, abandonar a Cristo por otras prioridades, aunque sean muy humanas y urgentes, será una traición a la misión de la Iglesia como cuerpo de Cristo (1Cor 12,27). Así pues, existen reuniones y círculos de aquellos que no creen en Dios y que buscan acallar la voz de la Iglesia, el ímpetu de la misión y la eficacia de los sacramentos. Reunirse para proyectar el mal es una acción que no debería existir ya que es una realidad deplorable, antinatural y diabólica.

Lamentablemente, en estos tiempos se busca la libertad a toda costa, se incita a la rebelión de las masas para destruir y no para construir, para matar y no para salvar. Estas reuniones tienen su fuente en la oscuridad. Así también, en el Evangelio, escuchamos que los Fariseos tuvieron una reunión para ver como podían atacar a Jesús, como encontrar en él errores y poderle apresar; tal era la urgencia que llevaron consigo partidarios de la casa de Herodes para que sirvieran de testigos y poder acusar a Jesús. Una reunión donde se hable mal de los demás y se procure su destrucción debe ser abandonada inmediatamente porque al destruir al otro, te destruirás a ti mismo.

El principio de Unidad en la Iglesia procede del mismo Dios, que es uno (Dt 6,4). El primer mensaje que debemos anunciar es que no existen otros dioses y que por tanto existe un solo Dios. El mensaje sobre la unicidad de Dios fue insistente en todo el Antiguo Testamento, porque el hombre debía reafirmar esta verdad, debía instruir su corazón en esta verdad que Dios le revelaba. Por ejemplo, en el libro del profeta Isaías, escuchamos lo que dice Dios a Ciro por medio del profeta: “te he llamado por tu nombre y te he ennoblecido, sin que tú me conozcas. 5 Yo soy Yahvé, no hay ningún otro” (Is 25,4-5). Ciro, el rey de Persia, que no reconocía a Dios como su señor, es elegido por Dios para ofrecer a su pueblo la liberación, por eso le dice: “sin conocerme”. Dios es y será el único Dios, aunque muchos no lo reconozcan, y se manifestará a todos los pueblos como el único Señor.

En estos tiempos rige el principio de la negación de la existencia de Dios, ya se ha negado su unidad, ahora se quiere negar también su existencia. Por lo cual, la Iglesia, que ha sido depositaria de la Revelación divina, y a quien ha sido confiada la misión de ir a todos los pueblos, debe afirmar con convicción las mismas verdades eternas que por boca de Cristo le fueron confiadas. De hecho, en el Evangelio notamos un dato interesante. Los que se acercan a Jesús para ponerle una trampa, afirman dos cualidades sobre él, dicen: “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza”, el texto original dice “enseñas con verdad” (Mt 22,16). Los enemigos saben que Jesús dice y enseña la verdad, pero no quieren creer porque eso obstruye sus planes. Podemos afirmar: lo saben, pero no lo creen. El problema es que, ante la evidencia y la certeza y la verdad, se prefiere la mentira y el error. Así, nuestra generación se conforma con negar en su cabeza la verdad, creyendo que todo está hecho, pero no es así, porque se están alejando cada vez más de ella. La verdad divina brillará inalteradamente aunque algunos se rehúsen a creer. Por eso, sintámonos bendecidos por creer en Dios y ser del grupo de los que buscan la luz, el bien, y la verdad.

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