Comentario Homilético
“La mentalidad de Cristo nos salva y nos conserva la vida”
Mt 16,21-28
Pbro. Juan José GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Hermanos, el texto del Evangelio de este domingo nos invita y exhorta a dar un paso más adelante en la profesión de fe en Cristo. No basta con afirmar que es Hijo de Dios, es necesario dejarse transformar interiormente por su persona, su palabra y su testimonio. El discernimiento nos ayudará a comprender cuál es la mentalidad que rige nuestra vida, aquella que viene de Dios o aquella que procede del hombre. El camino de Dios, aunque parezca absurdo e imposible de seguir es el camino que nos llevará a la vida y a la salvación.
En nuestra vida personal nos regimos y somos guiados por la inteligencia; lo que hemos aprendido ha formado un bagaje que determina en gran parte lo que somos y lo que queremos. Además, en nuestras decisiones nos movemos por dos principios: haz el bien, evita el mal; elegimos lo que nos hace bien y rechazamos lo que nos hace mal. Las cosas difíciles, arduas y dolorosas de la vida, nos hacen sentir rechazo y repulsión; en cambio, las cosas fáciles, bellas y felices nos atraen y hacemos todo lo posible para procurarlas y conquistarlas. Nadie quiere sufrir, nadie quisiera experimentar el dolor y nadie quisiera morir, pero ¿qué hace Dios frente a estos panoramas existenciales de cada hombre? Dios ha dado respuesta y nos ha comunicado una mentalidad nueva que nos hace comprender en profundidad los misterios de la vida y de la existencia humana. Esta novedad de Dios es como una fuerza interior que nos hace sobreponernos a los problemas y dificultades y nos proyecta en una nueva realidad.
En la primera lectura del profeta Jeremías, leemos su experiencia de ser tocado por Dios: “Me has seducido, Yahvé, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste” (Jer 20,7), experiencia que después se vio obstaculizada por situaciones adversas de parte de su pueblo: burlas, violencia y destrucción. Evidentemente, el profeta experimentando el peso de la realidad, guiado por una mentalidad humana y haciendo caso solo a las circunstancias dice: “La palabra de Yahvé ha sido para mí oprobio y burla cotidiana. Yo decía: No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre” (vv. 8-9).
Aunque el profeta experimentaba esa lucha interior, logró percibir un fuego dentro de sí, que era todavía más fuerte y le impulsaba a continuar y a ser fiel. Así también en nuestra vida, ante el peso de los sufrimientos y del propio abatimiento, un fuego interior nos invita a confiar y a seguir adelante. Ese fuego que el profeta experimentaba es para nosotros la presencia de Dios que habita en el corazón y nos hace pensar y actuar según su voluntad, y nos permite seguir adelante confiando en su presencia y auxilio.
Mientras caminamos por este mundo, la mentalidad humana y la debilidad personal obstaculizarán el proceso de crecimiento en la fe. La renovación de la mente es la acción que realiza la presencia de Dios en el alma, Cristo en nosotros nos permite compartir su misma mentalidad y nos permite discernir lo mejor para nuestra vida. No siempre lo mejor será lo más fácil, lo más bello y lo más atractivo, en ocasiones lo mejor transita por las vías del dolor. Por tanto, la capacidad de encontrar lo bueno en todas las cosas, haciendo un buen discernimiento, nos permitirá hacer elecciones y decisiones más conformes a la voluntad de Dios y menos según los caprichos humanos.
Pidamos a Dios que nos permita estar atentos a su voz, para poder discernir su voluntad en todas las cosas. Sintámonos agradecidos de poder tener un criterio claro sobre las cosas y que nuestra mentalidad verdaderamente humana, le permita a Cristo poder iluminar hasta lo más profundo el corazón y la conciencia, para no dejarnos manipular por las mentalidades corrompidas, torcidas y demoniacas.
