Opinion

Genio y Figura

“De la que nos salvamos”

Francisco BUENROSTRO

Una vez que terminó la efervescencia futbolera, luego de la eliminación del Tri del Mundial, los mexicanos regresamos a la vida cotidiana, la real, esa que, para bien o para mal, enfrentamos todos los días y, si bien millones de gargantas se quedaron con las ganas de gritar otro gol, ese que le hubiera dado a la selección azteca la posibilidad de alargar el partido contra los ingleses, y de paso la agonía de toda una nación, lo cierto es que también nos salvamos muchos de ser víctimas de los “festejos” que desbordaron pasiones y costaron vidas.

En son de broma llegué a leer en redes sociales que si ganaba México la Copa se acababa el mundo y quizás fue exagerado, pero seguramente se hubieran exacerbado los ánimos y hubieran pagado hasta con la vida muchas personas que, aficionados o no, serían víctimas de las brutales celebraciones, donde envalentonados por el alcohol los integrantes de las turbas no dudaban en agredir a quien se les pusiera enfrente, incluyendo a la autoridad, que buscaba más salvarse a sí misma que poner orden.

Tan sólo en el festejo del partido contra Ecuador, en paseo de la Reforma, donde se congregaron más de un millón de personas, el saldo fatal ascendió a cuatro fallecidos, tres por asfixia, al ser, literalmente, aplastados por la multitud y otro más que, al parecer, sufrió una congestión alcohólica; además de que se acaba de confirmar esta semana que otro hombre, que había sufrido un infarto en el Fan Fest del partido de México contra Sudáfrica, finalmente murió.

Aunque quizás una de las más dramáticas historias se vivió en Los Cabos, donde un padre de familia, que conducía su automóvil, acompañado por su esposa y sus dos hijas, se vio agredido por una turba que, con el pretexto de festejar uno de los triunfos de la selección, comenzaron a balancear su vehículo de un lado a otro, además de golpearlo repetidamente, a lo que, en una reacción producto del miedo por el ataque que sufría, aceleró arrollando a su paso a varias personas, para terminarse estrellando contra un poste, momento que aprovecharon los supuestos aficionados para sacarlo del auto y golpearlo hasta dejarlo al borde de la muerte y días después falleció.

Aunado a esto, están los casos de personas a las que lanzaban al grito de “quiere volar” y que, en no pocas ocasiones, no cachaban y terminaban aterrizando en el suelo, sufriendo lesiones de las que, como en todos los casos descritos, nadie se hacía responsable, porque en montón todos se sienten capaces de infringir la ley y causar daños a diestra y siniestra.

Estas imágenes no se vieron en las otras sedes mundialistas de Estados Unidos y Canadá, por una parte, porque allá ni cuenta se dieron que hubo Mundial, porque sólo les importan el futbol americano y el hockey, pero también porque se respetan las leyes, algo que tiene que ver con temas de educación y cultura, porque somo buenos para festejar los mexicanos, pero no para respetar.

No es que demerite a la selección mexicana, que llegó hasta donde le alcanzó, porque tampoco es que su nivel diera para más. Ni dejó de reconocer que tiene mucho de positivo el que lo logros deportivos, en este caso futboleros, nos ilusionan como pueblo, pero no puedo entender como eso justifica que se cometan actos vandálicos y, en algunos casos, criminales, eso es simplemente inaceptable.

Llámenme amargado si quieren, pero la vida humana tiene más valor para mí que cualquier victoria deportiva y claro que se puede festejar con pasión, pero sin violencia, todo está en el respeto y la empatía que debemos tener los unos por los otros, algo de lo que, con o sin Mundial, obviamente carecemos.

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