Genio y figura
Devuélveme mis tres horas
Francisco BUENROSTRO
Constantemente en mi papel de comunicador, y como una responsabilidad civil, alerto sobre los posibles fraudes de los que pueden llegar a ser objeto las personas, sobre todo ahora en la era digital, donde estamos a un click de ser estafados, pero no voy a tocar el tema de la ciberseguridad en esta ocasión, aunque bien que lo amerita… Pero no, lo que hoy me tiene profundamente indignado, más que nada conmigo mismo, es que caí en el engaño más vil y descarado, me refiero a la multi publicitada pelea entre Ronda Rousey y Gina Carano, a través de la plataforma de streaming de Netfllix.
Fueron tres las horas de mi vida que desperdicié en ver la transmisión completa, contando las peleas previas, todas las cuales concluyeron con knockouten el primer round, de los tres pactados en cada encuentro, en todos no pasaron de los primeros cinco minutos sin que uno de los contendientes asestara un brutal golpe que mandara a la lona a su oponente, con excepción de la lucha previa al combate estelar en la que el experimentado Nate Díaz fue masacrado por Mike Perry, ambos en la categoría de peso welter, teniendo que ser detenida la pelea por la esquina de Díaz, debido al profuso sangrado de las lesiones en su cabeza al término del segundo round, aunque instantes después tenían selladas sus heridas, como si se las hubieran cauterizado.
Desde de que me percaté de la incongruencia de esa milagrosa curación del peleador, algo no pintaba bien, quizás desde antes, pero yo ya estaba ensimismado viendo una violencia, a la que ni siquiera estoy acostumbrado, porque no me llama la atención, o al menos no antes de que Netflix invadiera mi cabeza con su promoción excesiva de la pelea Rousey-Carano.
Y por fin, después de 2 horas y 45 minutos, llegó el momento estelar de la cartelera, tras diez años de retiro de las luchas, y de participar en sagas cinematográficas como Rápido y Furioso o Los Indestructibles, y, por si fuera poco, medallista olímpica en judo, Ronda Rousey volvía a la jaula, para enfrentar a la actriz de cintas como “Rápidos y Furiosos 6 (faltaba más) o Deadpool, así como la serie de The Mandalorian, quien fue también precursora de la lucha femenina, experta en Muay Thai y activista política de redes sociales (lo que le costó su contrato con Disney) Gina Carano.
La pelea prometía, teniendo incluso como ingrediente adicional (que lo cantaron toooda la noche) de que Carano había adelgazado 100 libras (45 kilos) en los meses previos al combate, lo que podría haberle dado más velocidad y agilidad, pero con el riesgo de perder fuerza, algo que nunca llegaremos a saber.
Finalmente, luego de meses de espera, que digo meses, años, si contamos el tiempo que tenían en retiro, o en mi caso sólo algunas horas, las contendientes subieron al hexágono, escucharon las respectivas presentaciones y las indicaciones del referí para que, tan sólo 17 segundos después de que sonara la campana, Rousey le aplicara su patentada llave al brazo de Carano, para que esta se rindiera y comenzaran a celebrar como comadres en concierto de Chayanne que había terminado la farsa… Digo, la pelea.
Lo cierto es que 17 millones de espectadores, entre ellos yo, nos dimos cuenta en ese preciso momento que habíamos desperdiciado tres horas de nuestras vidas… ¡¡¡TRES HORAS!!! Tiempo que nunca volverá… Que pude haber utilizado para leer un libro, pasear a mi perra o ver cualquier otra cosa del catálogo de Netflix, prácticamente cualquier cosa hubiera sido mejor que eso… Pero caí en la trampa de la mercadotecnia, algo que no volverá a pasar… A menos claro que anuncien una batalla campal, todos contra todos, entre La Roca, John Cena, Triple H y Dave Batista; ahí sí ni cómo negarse.
