Opinion

Comentario Homilético

Guiados, acompañados y salvados por Cristo buen Pastor

Jn 10,1-10

Pbro. Juan José GONZÁLEZ SÁNCHEZ

La celebración de este domingo tiene una característica especial, está dedicada a Cristo Buen Pastor. Jesús vivo y resucitado como el pastor supremo, guía, acompaña, defiende y alimenta a su rebaño. Formar parte de la Iglesia es formar parte del único rebaño que Cristo pastorea con solicitud, amor y entrega. Permitamos que los textos de este domingo nos recuerden que es necesario dejarse acompañar en el camino de la vida por Cristo y no permitamos que nadie más usurpe su lugar porque sólo él nos podrá llevar a los pastos de la vida eterna.

Uno de los males que más adolecemos en estos tiempos es el del individualismo. El tiempo hodierno nos ha insistido al hastío que no necesitamos de nadie para ser felices, que todo lo podemos lograr solos, basta que nos decidamos; nos ha hecho pensar que nadie es responsable de nadie, y que si los demás sufren o están solos es su problema. No, esto no esta bien. Eso no está inscrito con palabras eternas en el corazón del hombre. El hombre nace por voluntad de Dios y su mano providente jamás se apartará de él, Dios proveerá lo necesario. Nosotros nacimos en el seno de una familia y en comunidad, y ese vinculo debe permanecer para siempre. El hijo no deja de ser hijo cuando tiene la capacidad y la edad de poderse valer por si mismo y decidir sobre su vida. Necesitamos de los demás y sobre todo necesitamos de Dios.

Leemos en el Antiguo Testamento que Dios se dispone a elegir un pueblo para acompañarle y guiarle hasta la tierra prometida (Gen 12,1-3). Dios estará siempre al cuidado de su pueblo y aún cuando éste se aparte, Dios no se alejará porque Dios es un Dios fiel (cfr. Dt 32,4). Tiempo después, Dios designa intermediarios para poder mostrar su presencia en medio de su Pueblo: jueces, reyes, profetas, sabios, etc.; pero cuando estos guías se alejaban de Dios y no hacían de verdaderos pastores eran reprendidos por Dios (cfr. Ez 34,1-6). De hecho, una de las profecías de Ezequiel fue una premonición reveladora: “Yo mismo apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahvé.  Buscaré la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma” (Ez 42,15). Dios prometió venir él mismo a guiar a su rebaño, y esto se cumplió y se hizo palpable cuando envió a su Hijo, por eso, nadie mejor que Cristo podrá conducir a la humanidad a la vida de Dios.

Aunque la imagen del Pastor y las ovejas pareciera cada vez más descontextualizada, en tiempos de Jesús, era una realidad tan familiar, que los que lo escuchaban podían entender el ejemplo (paroimía), parábola, proverbio, comparación) y la imagen con todos sus detalles y pormenores. El Evangelio de Juan nos presenta en el capitulo 10 la parábola del Buen Pastor e introduce el tema con la alusión a la puerta del redil de las ovejas. Los diferentes elementos del pasaje nos presentan los siguientes elementos: dos personajes antagónicos, el pastor y el ladrón. El texto muestra un gran movimiento en las acciones que realiza el pastor: entrar, salir, abrir, llamar, sacar, conducir. Y sus acciones o beneficios son: salvar, dar alimento, dar vida abundante. En cambio, el ladrón o el bandido: salta, escala, no entra por la puerta, sino que entra por otro lugar (v. 1), y sus acciones son negativas: roba, sacrifica, destruye. Entre estos personajes aparecen las ovejas, que se dejan conducir por el pastor; dice san Juan, porque conocen su voz, lo siguen: “las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (vv. 3-4).

risto es ese buen Pastor que Dios ha dado a la humanidad y de igual manera, el servicio que Cristo Buen Pastor espera de sus pastores es: el estar dispuestos a entrar por medio de Él al servicio de los demás, en medio de la Iglesia. Que no nos falte la guía de Cristo en medio de la confusión. La primera necesidad en un mundo desorientado y disperso es la presencia del buen Pastor, sólo él podrá llevarnos a los pastos de la vida eterna.

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