Opinion

¿Qué viene?

Interior

Sean Osmin HAMUD RUIZ

La exposición pública, el ejercicio del poder político, la intensidad hoy de las redes sociales y cómo en segundos nos enteramos de prácticamente todo, ponen en la mesa un tema indispensable,

Yo creo que todos, en mayor o menor medida, tenemos ciertos pendientes emocionales que definen nuestro carácter y que además tendríamos que ir trabajando, con la intención de convertirnos en personas mayormente funcionales en la sociedad.

Perder los estribos no es ajeno a nadie. Nuestro “día de furia”, si no te ha llegado, te va a llegar. Lo importante es qué tan bueno eres para administrarlo.

Siempre he penado y dicho que la inteligencia reside en el manejo de las emociones. Puedes acumular títulos académicos, tener una memoria prodigiosa, tener una capacidad especial para acumular datos y transformarlos en información o soluciones, pero todo ello se opaca o se anula cuando te conviertes en un ente frenético o bien te apagas hasta casi anularte.

Entonces, la inteligencia emocional es la que vale.

Por supuesto que hay circunstancias en las que la serenidad no parece la mejor respuesta. Instantes en los que el pensamiento se cicla en un “no me voy a dejar”, “tengo que enfrentarlo”, “a mí no me van a hacer menos” y un largo etcétera. Justo ahí es donde se aprueba o no el examen.

Y claro que hay momentos de crisis en donde el mejor consejero es el instinto de conservación, pero ese es otro tipo de escenario.

Vale mucho la pena observar estos comportamientos, reflejan muchísimo de la personalidad y el carácter.

La presidenta Sheinbaum discutiendo a gritos con una gobernadora o queriendo callar reclamos en sus mítines, el senador Noroña gritoneando en un aeropuerto o en tribuna, el diputado federal Morán profiriendo lo que pretende sean insultos cargados de homofobia y discriminación. Botones de muestra que hay que considerar.

No hay mucho, aprendamos de Kung-Fu Panda y su búsqueda de la paz INTERIOR.

MICROCUENTO

Mucha reunión importantísima, muchas conversaciones que pretenden cambiar el destino, mucho para allá y para acá. Te sientes importante, cómo no si además de que te escuchan, te piden tu opinión. Y resulta que toda esa importancia se desvanece ante tus propios ojos. Ando bien pinche mocoso y me siento muy mal.

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