Tonaltepetl
Gustavo L. SOLÓRZANO
Crecí en el seno de una familia amorosa y servicial, mis padres eran queridos en nuestro barrio y sin duda, se ganaban a pulso apoyando en lo necesario y acorde a sus posibilidades. Mi madre era la enfermera del barrio y más allá, mucha gente la recuerda porque además de su buen trato, les enseñó a inyectar. Se usaban jeringas de cristal y agujas metálicas a las que se les sacaba filo con una piedra especial.
Sin duda, de esa forma de ser aprendimos todos los de la casa a ser iguales, ayudando a quienes tenían alguna necesidad. La educación se mama, decía mi madre. Con los años, casi para terminar la primaria me integré a los juventinos de la Cruz Roja, para aprender y servir, ahí sigo, pero ya como veterano.
Quienes me conocen de verdad, saben de mi trayectoria humana, siempre dispuesto a colaborar y con-tribu-ir, para servir. Me gusta hacerlo y lo hago con gusto, naturalmente soy humano y no siempre es posible, mayormente cuando dependemos de terceras personas para hacer un servicio.
Jubilado ya, no tengo compromiso con nadie y tampoco pertenezco a ningún partido político, escribo lo que se me ocurre o abordo temas que considero necesarios para dar voz a quien no la tenga. Y sobre todo, pensando en servir a mi comunidad, lamentablemente la ausencia de madurez humana e institucional hace pensar, a unos pocos y en ocasiones, que mi comentario pudiera ir encaminado a lastimar u ofender de manera directa a alguien. Jamás ha sido así ni lo será. Afirmo de manera honesta, sincera, no veo enemigo en nadie, respeto la forma de ser de cada quien y tan solo doy mi opinión pensando en, reitero, ser útil.
Hace días comenté sobre un caso que se presentó en el ISSSTE, mucha gente me hizo llegar sus comentarios positivos sobre la publicación que hice y confirmaban lo ahí señalado. Falta de atención adecuada; ya en otro momento he reconocido el trabajo de médicos, enfermeras y personal en general. Admiro el trabajo de quienes sirven a la humanidad desde un espacio tan importante, la salud. Nada tengo, repito, en contra de nadie, solo narré lo que vi y con testigos.
Con tristeza, leí que la dirección de lo que veraz y respetuosamente informé, argumentó “que el domingo no se tiene registro de una paciente de 92 años en silla de ruedas y con dolor abdominal, atendida alrededor de las 15:00 horas”. Me preocupa la respuesta, ¿cómo es posible que una institución médica como el ISSSTE, no tenga control de quienes llegan ahí, enfrentando una situación delicada en su salud? Es el área de urgencias, y como todo lo que es salud, debe existir una normatividad y un registro ordenado y moderno, los pacientes lo requieren. No me interesa polemizar ni caer en dimes y diretes, solo quiero reiterar que escribí sobre esa situación porque así lo aprendí, vi ahí sentada a mi abuela, a mi madre, a una hermana, a un familiar o amigo, me puse en los zapatos de quien estaba a todas luces, sufriendo sin recibir atención.
Solo eso, soy serio en mi trato cotidiano y más en lo que escribo o hablo en los diferentes medios informativos, respeto a las personas y a las instituciones, si fui por lana y salí trasquilado, no importa, mi conciencia está tranquila, solo me gusta servir y escribir con la verdad. Es cuanto.
