Opinion

Genio y figura

“El Síndrome del Sheriff”

Francisco BUENROSTRO

El sheriff (o alguacil) es un representante de la ley y el orden, principalmente en los Estados Unidos. Es la máxima autoridad policial a nivel de condado, y a diferencia de los policías municipales, el cargo de sheriff suele ser elegido directamente por votación popular. Y aunque no votaron para que ocupara ese cargo, tal parece que el presidente norteamericano Donald Trump se siente el sheriff del mundo, con la autoridad de aplicar la ley y la justicia según su conveniencia, porque puede ser autoritario, prepotente, misógino, cínico y muchas cosas más… Pero no idiota, porque sabe bien con quién meterse y qué provecho le puede sacar a cada ocasión.

El más reciente ejemplo de lo que aludo es la acusación formal y los cargos penales contra el expresidente cubano Raúl Castro que presentó el Departamento de Justicia de Estados Unidos, donde le imputan delitos de asesinato, conspiración para matar estadounidenses y destrucción de aeronaves; relacionados con el derribo de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate, en hechos ocurridos el 24 de febrero de 1996. Si bien la acusación formal fue interpuesta ante la Corte del Distrito Federal del Sur de Florida, el gobierno cubano, encabezado por el actual presidente Miguel Díaz-Canel, rechazó categóricamente los cargos calificándolos como una acción política sin sustento jurídico.

Pero más allá de eso, el descaro es total si tomamos en cuenta las lanchas que ha destruido el gobierno norteamericano en aguas internacionales, asesinando a sus tripulantes y argumentando que se trataba de supuestos narcotraficantes; juzgándolos y ejecutándolos sin indagatorias ni misericordia. Tan sólo a principios de este año Trump ya había dado muestras de que su sed por “salvar al mundo” no conocía fronteras y, utilizando fuerzas especiales, secuestró al mandatario venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, a lo que quisieron llamar de la manera más eufemística posible “un arresto”.

En esa ocasión, Donald Trump aseguró que estaba salvando a la nación sudamericana de una dictadura, pero, en los hechos, al quedar en el poder Delcy Rodríguez, lo único que sucedió es que puso a alguien que podía manejar a su antojo, sin que, por lo menos hasta ahora, haya mejorado la vida de los venezolanos. Sin contar a Irán, país con el que está en guerra E.U., ahora el “sheriff” apunta la mira de sus fuerzas armadas a México, donde el intervencionismo ha sido flagrante y documentado, argumentando también el pretexto de hacer cumplir la “ley”, pero con un interés político-comercial mucho mayor, tal como en los casos de Cuba y Venezuela.

Y ojo, no es que esté a favor de Raúl Castro, quien a lo largo del régimen iniciado por su hermano Fidel ha contribuido a matar de hambre a su pueblo, un crimen mucho mayor que el que le quieren imputar, o a que esté yo abogando por Maduro, quien claro que es culpable, si no de narcotráfico, sí de enriquecerse vilmente teniendo a sus gobernados en la miseria; y de los narcos mexicanos ni se diga, que se les persiga, se les capture y se les castigue, pero conforme a la ley, a la de nuestro país. Lo que sí no se vale, porque es una verdadera burla, es que Donald Trump se sienta el justiciero del mundo, cuando fue declarado culpable de 34 delitos graves en mayo de 2024 y, posteriormente, sentenciado a libertad sin cargos ni prisión, convirtiéndose en el primer presidente o expresidente de Estados Unidos en recibir una condena penal. Como escribiera el dramaturgo Molière: “La hipocresía es el colmo de todas las maldades”.

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