Genio y Figura
Jóvenes construyendo el futuro
Francisco BUENROSTRO
Se puede criticar al actual Gobierno Federal hasta el hartazgo, como con los anteriores, sin duda, pero también se tiene que aceptar que muchas cosas sí se han hecho bien, siendo el apoyo social una de ellas, con todo y las reglas de operación laxas y la desorganización en su ejecución en muchos de los casos, como es el ejemplo del programa Jóvenes construyendo el futuro, que genera la posibilidad de salir adelante para muchas personas que, de otra manera, no podrían lograrlo.
Actualmente, en este programa hay más de tres millones y medio de beneficiados en todo el país, con edades que van de los 18 a los 29 años, siendo mujeres más de la mitad de quienes reciben la beca que haciende mensualmente a 9 mil 582 pesos, para lo cual se registran como aprendices en un centro de trabajo, en el que adquieren nuevos conocimientos durante un año, período en el cual obtendrán una constancia de capacitación, además de contar con seguro médico del IMSS.
Uno de los estigmas es que, desde su origen, el programa está diseñado para aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan, a quienes se les ha denominado, despectivamente, “ninis”, pero creo que en este programa el enfoque no aplicaría porque, quienes lo aprovechan, realmente, aprenden un oficio, a la vez que trabajan.
Ciertamente que son miles de beneficiados con este programa Jóvenes construyendo el futuro que prefieren gastar su beca en videojuegos, botanas o alcohol; hasta agotando las existencias de algunos de estos productos en tiendas de conveniencia. Sí, es verdad, pero el otro día que me entrevistaron en un programa de radio comenté que este tipo de programas son herramientas, como lo puede ser un martillo, que lo mismo sirve para ayudar a construir un mueble, que para lesionarnos una mano si no se utiliza adecuadamente y con responsabilidad, analogía que ejemplifica que el uso que se le dé al programa depende del beneficiado.
Es un hecho que se está apelando a la confianza hacia estos jóvenes para que hagan lo correcto y mientras las críticas llueven señalando que no tienen la capacidad para hacerse responsables de la aplicación de la beca, muchos casos reales y palpables se encargan de desmentirlos, como el de Irma, quien se vio impedida a seguir estudiando por cuidar a su hermanito Miguel Ángel, un niño con discapacidad, mientras sus padres trabajaban arduamente para poder mantenerlos a ellos dos y a sus otros cuatro hermanitos en una comunidad de Guerrero, cercana a la Costa Grande; pero que, gracias al estímulo económico del programa, ella pudo aprender a diseñar en una agencia de publicidad, lo que le permitió conseguir un trabajo bien remunerado y ayudar a su familia.
Y ni hablar de las empresas y organizaciones sociales que también se han tomado muy en serio el compromiso de capacitar a los jóvenes y, no en pocas ocasiones, darles la confianza para seguir colaborando ya en un puesto laboral formal, una vez que cumplen los doce meses de su beca, lo que le vale el reconocimiento al centro de trabajo de obtener un distintivo de compromiso social.
No sé si sea éste el mejor programa posible, pero para mí les da una opción, una que no tenían, una que les va a permitir ser los arquitectos de su propio destino, porque la decisión será sólo de ellos y de ellas, de los jóvenes que podrán cometer sus propios errores, pero también sus propios aciertos, como todos los hemos cometido a lo largo de nuestras vidas.
