Genio y Figura
Cerrando ciclos y abriendo otros
Francisco BUENROSTRO
Un año más que se va y otro que inicia, momento en el que la mayoría aprovechamos para hacer un corte de caja, replantearnos nuevas metas y propósitos, que, según las estadísticas, son principalmente enfocados a bajar de peso, ahorrar más y aprender inglés; todos objetivos loables, no obstante, está comprobado también, que sólo en un porcentaje muy reducido se logran cumplir.
Pero… ¿Por qué no cumplimos nuestros propósitos de año nuevo? La respuesta más obvia es: porque no nos esforzamos lo suficiente, no somos disciplinados o no lo planeamos adecuadamente; aunque los pretextos que salen a relucir de manera más habitual son: la falta de tiempo, de dinero o porque me lesioné la rodilla (chiste local).
Sin embargo, mi reflexión, más que buscarles una explicación a los propósitos incumplidos, es en el sentido de que queremos adaptarnos a los ciclos predeterminados y no al revés, es decir, queremos usar como pretexto el año nuevo, la entrada de la primavera o nuestra fecha de cumpleaños para mejorar algún aspecto de nuestra vida que no nos satisface del todo y creo que no hay mejor momento para hacer las cosas que el “aquí” y el “ahora”.
El pasado nos deja lecciones y el futuro nos hace soñar, pero es el presente lo único que tenemos claro, vigente, real… Porque nadie nos asegura que mañana seguiremos vivos o que nuestra vida cambie radicalmente sus circunstancias, de la noche a la mañana, y todo aquello con lo que contábamos puede desaparecer.
No se trata de amanecer un día y querer correr un maratón, sin preparación; bajar diez kilos de peso, sin hacer dieta y ni ejercicio; o aprender un idioma, sin siquiera practicarlo; pero sí debemos ser constantes, dar un primer paso y no detenernos hasta recorrer el camino trazado, porque todos los libros se leen una página a la vez, pero sin dejarlo empolvar luego de llevar apenas el primer capítulo.
Pero, sobre todo, desde mi punto de vista, lo más importante es no darse por vencido, no decepcionarse si te propones una meta y no la logras, nadie está obligado a ser perfecto o infalible, no importa cuántas veces lo intentemos, fallar es también un aprendizaje, cada equivocación nos da la experiencia para no volver a tropezar y, si eso sucede, tampoco es el fin del mundo, tomamos un respiro, reestructuramos nuestra estrategia, nos levantamos y lo intentamos de nuevo.
Disfruta cada logro, grande o pequeño, que sea un aliciente y motivación, pero que tus triunfos y derrotas no te definan, porque sólo tú sabes lo que vales y de lo que eres capaz, sin tenerlo que demostrar a nadie, más que a ti mismo.
Por último, no quiero dejar de desearte un feliz año 2026, un extraordinario mes de enero, una semana memorable y única, pero, más que nada, espero que éste y todos los días los vivas con toda intensidad, a tope, sin guardarte nada, como si fuera tú último día en este plano terrenal, porque un día, lo será.
