Opinion

Genio y Figura

“Qué fácil es criticar”

Francisco BUENROSTRO

Me contó alguna vez un compañero de trabajo de nombre Joaquín Salinas, quien fuera secretario técnico de la Secretaría de Turismo de Colima, además de hermano del afamado comediante Chucho Salinas, que en su vida no podría construir siquiera un accesorio de un Rolls Royce, autos reconocidos por sus acabados de lujo; sin embargo, si le dieran un marro podría, sin problemas, destruirlo completito.

Seguramente este comentario lo escuchó en alguna conferencia o capacitación, pero me quedó muy grabada la moraleja que tenía detrás: “Que fácil es criticar”.

Y es que cualquiera puede opinar de lo que hace alguien más, pero hacerlo o, al menos, intentarlo eso sí tiene su mérito, independientemente de los resultados.

Se me vienen a la mente muchos ejemplos, como cuando en el trabajo alguien tiene que sacar un presupuesto y, en lugar de eso, espera que alguien más lo haga para después decir: “uy, yo lo hubiera conseguido por un menor precio”… Hubiera, porque no lo hizo. O cuando un voluntario se ofrece a pintar la oficina, pero los que no fueron buenos ni para dar un brochazo, critican el resultado, que si muy tiroleado, que si manchó el piso, etcétera. Critican, pero no son buenos para demostrar cómo, supuestamente, según ellos se debe de hacer.

Porque no estoy hablando de ser excelentes al hacer las cosas, que sería lo idóneo, definiendo excelencia, como lo explicaba Miguel Ángel Cornejo, que es hacer las cosas siempre bien y a la primera, pero no, ya ni eso, porque nos podemos equivocar, pero intentándolo, aunque fracasemos, pero sin quedarnos derrotados, aprendiendo de nuestros errores y volviendo a intentarlo, una y otra vez.

Lo que no se vale es criticar así nomás, sin proponer y demostrar que hay una mejor forma de hacer algo, porque eso hasta se agradece, o se debería de agradecer, porque esas personas, las que ponen el ejemplo con la intención de que mejores, buscan ayudarte, no humillarte.

El fracaso, por otra parte, es consecuencia de tratar, pero también es requisito casi indispensable del éxito, a decir de los que han sido grandes en lo que hacen, como Walt Disney, a quien desdeñaron como publicista por, supuestamente, ser poco creativo, y que terminó creando un imperio basado en la fantasía y la imaginación o Michael Jordan, quien para llegar al nivel de superestrella del deporte tuvo que aprender del rechazo y la humillación de no haber sido elegido ni siquiera por su equipo escolar, lo que lo llevó a entrenar una y otra vez, de manera incansable, hasta convertirse en la máxima leyenda del basquetbol de toda la historia.

Así que, antes de criticar, te invito a que lo pienses dos veces y reflexiones si lo haces desde la comodidad y, a veces, hasta la cobardía, de quien opina para burlarse y humillar a alguien o si es con el legítimo interés de ayudar a que esa persona que lo intentó pueda mejorar.

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