Comentario Homilético
Por el camino de la fe, hacia el encuentro con Cristo resucitado
Jn 20,1-9
Pbro. Juan José GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Después de haber celebrado la Pasión y la muerte de Cristo, la Vigilia pascual nos ha introducido en el misterio de la Resurrección. La escucha atenta de la historia de Dios, los signos bautismales de la luz y del agua, nos han preparado para recibir, no solo la noticia de la Resurrección del Señor, sino también el don el don de su gracia en nuestra propia vida. La presencia viva de nuestro Señor nos hace experimentar el sentido de la liberación, del perdón, pero sobre todo de la cercanía de Dios. La Resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe, es la certeza de nuestra fidelidad y es el motivo de nuestra esperanza.
El tiempo, la vida y los años, nos hacen adquirir madurez y, en algún sentido también, nos hacen predecibles. La demasiada confianza en nosotros mismos, nuestros proyectos y nuestras capacidades nos hacen olvidarnos que el tiempo es de Dios. Dios tiene planes y proyectos para cada uno. Nadie está sobre este mundo sin un por qué, aun cuando las circunstancias parezcan dirigirse hacia el infortunio o la catástrofe. Dios siempre tiene un tiempo especial de gracia para mostrar su amor y su fidelidad.
En la filosofía estudiamos que el tiempo y la sucesión de las horas es llamado “cronos”, al tiempo de Dios, en cambio, le llamamos “kairós”. El tiempo de Dios se ha hecho presente en nuestro mundo de una manera muy especial por medio de su Hijo; ahora, ya resucitado, nos presenta una nueva dimensión de la vida que podemos advertir y constatar. Cristo resucitado vive glorioso e inmortal, en la realidad de la esfera divina, pero además de eso, su cuerpo tiene las propiedades visibles, reales que también le permiten interactuar en el mundo y por encima de él.
Durante el tiempo de Pascua seremos testigos de esta nueva condición del cuerpo resucitado de Jesús: se hace presente, se le puede tocar, participa del alimento, dialoga e interactúa; una vida normal, pero con la diferencia que ya participa de la esfera divina, donde no hay dolor ni sufrimiento, todo aquello ha quedado en el pasado. Después del tercer día, se inaugura el tiempo de la gracia, el tiempo de Dios, un tiempo que comienza a entretejerse con el nuestro de una forma totalmente nueva. En este sentido, si caminamos junto con Dios, Él mismo nos perimirá vivir ya desde ahora ese tiempo de salvación.
Ante la evidencia y el testimonio de la Escritura sobre la resurrección de Jesús, todavía muchas personas se rehúsan a creer que una situación tal, pueda de verdad existir. Es importante recordar que la capacidad humana y los razonamientos no alcanzarían a comprender el misterio de Cristo resucitado ni el misterio de Dios. En este sentido, el don de la fe viene en ayuda de nuestra limitación. La fe no se reduce a informaciones, conceptos o ideas que alguien más me pueda trasmitir. La fe es ante todo una experiencia real, es el encuentro con Dios vivo y verdadero. La fe es un don que Dios nos ha dado para poder creer, sobre todo, en Él. El don de la fe, además, es soportado y sostenido por la gracia de Dios primero, y por el testimonio de los demás, después.
Hermanos, la mejor felicitación que podemos ofrecer este día y siempre a nuestros hermanos, es desear que Cristo vivo habite en sus corazones, en sus hogares, en nuestra patria y sobre todo en nuestra Iglesia. Que Dios nos conceda la gracia de ser testigos de su vida nueva entre nosotros, para enriquecer y fortalecer a los que comienzan un camino de fe y para ser signo de atracción para los que están alejados de Dios. La alegría de la Pascua nos permita ver signos de vida y de amor en medio de las situaciones presentes. No olvidemos que cuando más solos nos sintamos debemos hacer la experiencia de contemplar el cielo y de ir más allá de él, de ir hacia Dios para agradecerlo todo, confiarlo todo y esperarlo todo. Mi augurio de Pascua para cada uno de ustedes es: que no se detengan ante la búsqueda de Cristo resucitado, Él ya los está esperando, lo único que nos pide es una fe sincera y un amor verdadero para poderlo encontrar. ¡Feliz domingo de Resurrección!
