Opinion

Compartiendo diálogos conmigo mismo

La vida es un encuentro de corazones

Víctor CORCOBA HERRERO

corcoba@telefonica.net

SED DE COMPAÑÍA: Necesitamos darnos y sentirnos, hallarnos y reencontrarnos mar adentro, pues estamos sedientos de celestes horizontes y de sus auténticos pulsos. Satisfecha la penitente ansia, tanto de bondad como de verdad, compartiremos la satisfacción. Nuestro Redentor no se desespera y nos espera, en este tiempo de hondo arrepentimiento cuaresmal. Guardemos silencio y aguardemos su voz con la escucha; pues el que atiende a la llamada, al final todo lo entiende.

I.- HOY ES EL MAÑANA;

POR EL QUE AYER TE AGITABAS

La vida es un ir y un volver a ser,

un inmenso mar de tribulaciones,

un charco de mil preocupaciones,

o una cíclica balsa de turbaciones,

que brotan de las faltas humanas.

Lo valioso es no rumiar lágrimas,

masticar los sollozos con alegría,

y digerir los hechos con entereza;

porque asistir no es sólo coexistir,

es también recogerse y organizar.

Sin soplo armónico todo agoniza;

y esto se carga, realzando la cruz;

que es la que nos une y nos reúne,

como Hijos de Dios que obramos,

con el deseo de amar y querernos.

II.- NO HAY MEJOR AGITACIÓN;

QUE EL DESEO DE CAMBIAR

Precisamos del sustento de Jesús,

para reencontrarnos y animarnos,

para borrar el peso de los pesares,

y entrar en la mística del regocijo,

con el sano motivo de la revisión.

Todos nos inquietamos sedientos, 

pues la senda del mundo es cruel.

Nos falta paz y nos sobran males,

codiciamos tomar y nada ofrecer,

queremos renacer y no ayudamos.

El botijo de la felicidad está seco,

nadie conoce ni reconoce a nadie,

hasta uno mismo se vacía el alma,

y se envicia el cuerpo de placeres,

que nos arruinan y nos demuelen.

III.- PUES SÓLO LOS CONVENCIDOS;

SON LOS QUE PUEDEN CONVENCER

Nuestros semejantes nos influyen,

sus vocabularios nos impresionan, 

y los tratados nos meten en razón,

pero sólo los hechos nos cautivan,

cuando están saciados de ternura.

Únicamente los llenos de caridad,

pueden llenar a otros en la pasión,

como efusión de su espíritu claro,

que es como se mueven montañas,

y se remueven conciencias justas.

Ya que el deber de la vida es vivir,

ser uno mismo en aliento donante,

como si cada alba fuese el último;

una señal pura de una fe auténtica,

que nos trasciende y enciende luz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *