Genio y figura
Todos somos Punch
Francisco BUENROSTRO
¿Por qué la historia de un changuito que se aferró a su peluche como único consuelo y compañía nos impactó tanto a nivel mundial? La respuesta va más allá de la simple ternura o tristeza que pudo provocar en todos los que conocimos lo que le pasó a Punch, fue, desde mi punto de vista, porque nos identificamos de una u otra forma con él.
El contexto, si bien muchos lo conocen, se los cuento brevemente: se trata de un pequeño mono macaco que fue rechazado por su madre al nacer en el zoológico de Ichikawa, en Japón. Por esta razón, el bebé se vio aislado de la manada y al percatarse de su soledad, y evidente dolor, sus cuidadores le dieron un peluche de orangután, que se convirtió en su fiel compañero.
La forma en que Punch abrazó a su muñeco conmovió hasta las lágrimas aun al más insensible, porque todos nos hemos aferrado en algún momento de nuestras vidas a algo como tabla de salvación, ya sea a una persona, un objeto o incluso una situación; por eso es que su amigo se volvió un símbolo para él, y Punch, a su vez, en un ejemplo de cómo era tanto su amor que no dudo en proyectarlo hacia su peluche, que se convirtió en su refugio, su lugar seguro.
Conocer la historia de Punch, un poco más a fondo, sólo la humaniza todavía más, ya que, según expertos, la madre del bebé macaco era primeriza, lo que ya de por sí le generaba un estrés que consideran la llevó a rechazar al pequeño, pero la situación se complica más ya que, debido a una onda de calor, consideran que el instinto de supervivencia le gano al maternal y la changuita primero vio por su propia salvación.
Fue tal el interés que despertó el caso del monito que la tienda IKEA, que vendé al orangután de peluche que se convirtió en compañero de Punch, reportó que se agotaron todas las existencias y ni hablar del número de visitantes al zoológico de Ichikawa que se incrementó exponencialmente, generando que, a su vez, aumentaran las medidas de seguridad para evitar que estresaran sobremanera al pequeño y los demás primates de la jaula o que, inclusive, hasta trataran de llegar hasta él. Todo un fenómeno sin duda.
Por fortuna, en este caso, la historia, hasta el momento, ha tenido una feliz evolución, ya que, sin deshacerse de su peluche, Punch ya ha sido aceptado por otra manada de congéneres, que le demuestran su afecto y aprobación, lo que es muy importante para que pueda superar el trauma sufrido y logre una integración total con los de su especie.
Quizás en un mundo tan convulso, en el que prevalece la ley del más fuerte, como si los que viviéramos en la selva fuéramos los seres humanos, un ejemplo de perseverancia por dar y recibir amor, aunque sea en forma de muñeco de peluche sea la mayor lección que nos deja Punch, quien sólo necesitó un pequeño aliciente para no darse por vencido, por eso digo que todo somos Punch, de alguna manera.
