Opinion

Genio y figura

También esto pasará

Francisco BUENROSTRO 

El caos y la desesperación reinaron durante 48 horas, en algunas partes de Jalisco todavía más, y es que difícilmente alguien quedó ajeno a la noticia que paralizó al país, el abatimiento del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, en un operativo implementado en el pueblo mágico de Tapalpa, ejecutado por el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, con apoyo logístico del Gobierno de los Estados Unidos.

A la par de la información oficial, que fluía a cuentagotas, los rumores y las noticias falsas corrían como reguero de pólvora, sí, como la pólvora del armamento que cientos, quizás miles, de integrantes de la delincuencia organizada, muchos de ellos muy jóvenes, empuñaban para apoderarse de vehículos a los que les prendían fuego con bidones de gasolina para sembrar el terror entre la población y buscando inhibir la acción de las autoridades, que, lejos de amedrentarse, fueron implacables en el cumplimiento de su misión.

En lo personal, sólo recuerdo otras dos ocasiones en mi carrera periodística en que me ha tocado salir a reportear en calles desiertas, debido a un toque de queda, la primera durante el azote del huracán “Patricia”, que, en octubre de 2015, llegó a alcanzar la categoría 5, en la escala Saffir-Simpson, con rachas de viento de hasta 400 kilómetros por hora, por lo que los habitantes del estado de Colima se quedaron en sus viviendas a resguardo, para evitar riesgos mayores.

La segunda vez fue por la pandemia de COVID-19, en el 2020, cuando, sobre todo un fin de semana, estando en unas grabaciones para un reportaje en Morelia, Michoacán, se dio la instrucción de cerrar todo, absolutamente todo, incluyendo las tiendas de conveniencia y las gasolineras, sí, ahí es cuando se siente el verdadero terror, porque sabes que la cosa va en serio.

Sin embargo, esta fue la primera vez que, ni siquiera por indicación del gobierno, porque, con excepción de Jalisco, en las demás entidades no se aplicó el Código Rojo, sino por iniciativa propia de los comerciantes, transportistas y demás personas de la población civil optaron por resguardarse ante el temor bien fundado de que le prendieran fuego a sus vehículos o establecimientos. Algo que no sucedió ni siquiera el primero de mayo del 2015, que también hubo narcobloqueos, pero ni de lejos tan violentos como los registrados el pasado domingo.

Sé que muchos dirán que hubiera sido mejor que dejaran libre a El Mencho,  como en el caso de Ovidio Guzmán, en el llamado Culiacanazo, porque, finalmente, el narcotráfico es un monstruo de mil cabezas y si cae un líder, surgen cien más, pero eso sería tanto como darnos por vencidos, sería aceptar  que los malos son más, que no hay futuro para nuestros jóvenes, como no sea unirse a la delincuencia y, lo que es más, sería demeritar el sacrificio de los soldados y policías que murieron en cumplimiento de su deber.

Sé que la guerra está lejos de terminar, que los sicarios del cártel se reorganizarán, antes que dejar de delinquir, pero en definitiva es un paso más hacia la dirección correcta y aunque ahora muchos mexicanos están viviendo momentos de zozobra, recuerdo, más que nunca, las palabras de mi padre que decía “también esto pasará” y sé que así será.

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