Opinion

Genio y figura

No es casualidad

Francisco BUENROSTRO

En los últimos días, ya no digamos meses o años, la agenda ideológica ha estado más activa que nunca, posicionando temas que interesan a grupos específicos y es válido, siempre ha sido así y siempre lo será, pero, más que nunca, esta manipulación se ha mostrado en el ámbito artístico, y ahora hasta deportivo, al menos en cierta forma, privilegiando el discurso político e ideológico por encima de la calidad.

Un caso específico es Bad Bunny, que puede gustar a algunos y a otros no, eso es válido, es cuestión de opinión y se supone que cada quien tiene derecho a opinar lo que quiera, pero no podemos negar que entregarle tres premios Grammy en 2026, entre ellos el mejor álbum del año, sólo pudo pasar por el mensaje que se quería transmitir desde los medios, no por su calidad histriónica, al menos no como cantante.

El fenómeno Bad Bunny es entendible desde la percepción de él como un representante de la comunidad latina que aprovecha un momento de represión en contra de este sector de la población en los Estados Unidos por parte del presidente Donald Trump para dejar claro los roles: el mandatario es el villano, obviamente, y el boricua el héroe.

Todo esto se vio en su máxima expresión en el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl, el evento más esperado del año por el pueblo norteamericano, donde la NFL mandó el mensaje de que prefieren mantener una buena relación con el segmento hispano que con el anglo que, religiosamente, sobre todo en domingo, sigue los juegos por televisión y que, en esta ocasión, pagaron altas sumas de dinero por asistir el duelo entre Seattle y Nueva Inglaterra, para definir al nuevo campeón, y que, en su mayoría, aunque no lo mostraron los medios de comunicación, no les interesó en lo más mínimo lo que ocurrió durante el show del intermedio.

No voy a detallar lo que pasó en la cancha del Levi´s Stadium, en Santa Clara, California, porque más de 135 millones de personas pudimos dar cuenta, a través de la transmisión, de las escenas que evocaron diferentes pasajes de la vida del pueblo puertorriqueño, y de la comunidad latina en general, así como de la participación de Lady Gaga y Ricky Martin, junto con el “Conejito Malo”, lo que sí me llamó mucho la atención es que, mientras decía los nombres de todos los países del continente, en las pantallas del estadio se pudo ver un mensaje en inglés, que traducido sería: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

Sin embargo, más allá del esperado coraje que hizo Trump por la presentación de Benito, fueron miles, quizás millones, de personas las que, a través de sus redes sociales, reaccionaron con verdadera furia contra quien osara siquiera mencionar lo obvio, independientemente del mensaje, Bad Bunny canta horrible, pero al ser ahora un símbolo, lo defienden a ultranza.

Lo que sí debo aceptar es que el señor Martínez Ocasio tiene un gran talento, no artístico, pero sí para controlar a las masas, dándoles el mensaje que quieren escuchar, aunque requiera de subtítulos, pero consiguiendo su objetivo, ser considerado un ídolo. No sé los demás, es mi opinión muy personal, pero yo sí extraño que el espectáculo del medio tiempo tuviera sólo el objetivo de entretener, de disfrutar de un gran artista, que puede ser o no del agrado de todos, pero que únicamente pretendía hacernos pasar un buen rato.

En resumen, el pasado domingo 8 de febrero Bad Bunny se convirtió, para mí, en una versión moderna de “El Flautista de Hamelin”, que, en su caso, ni siquiera sabe tocar la flauta, pero que tiene un impresionante aparato mercadológico a su favor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *