Opinion

Genio y figura

“Del Toro se supera a sí mismo”

Francisco BUENROSTRO

Faltan todavía algunos meses para dar a conocer las cintas que buscarán obtener la estatuilla que otorga la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos y desde ya tengo a mi favorita, porque acabo de ver una verdadera obra maestra, una película que me hizo recordar lo que es el cine, me refiero a “Frankenstein”, de Guillermo del Toro.

El filme es una exquisita adaptación del libro de Mary Shelley, “Frankenstein o el moderno Prometeo”, una muestra más de que el cineasta tapatío está a otro nivel, superándose a sí mismo, llevando al espectador a un viaje en el que el monstruo y su creador, se confunden, se fusionan, se complementan y se destruyen.

Aun para aquellos que leyeron la obra literaria, la cinta sorprende debido a la permisividad que en la adaptación se tomó Del Toro haciendo todavía más emotiva la historia, con la versión más humana del monstruo que se ha presentado hasta ahora, por lo que es imposible no identificarse de alguna forma con la criatura.

Mención aparte merece la estética visual, con una fotografía soberbia, a cargo del danés Dan Laustsen, quien ya trabajó con el cineasta mexicano en la película “El Callejón de las Almas Perdidas”, y que hace que cada uno de los 24 cuadros por segundo sea digno de estar en una exposición por sí solos.

La música es también, como en la mayoría de las películas de Guillermo del Toro, parte integral de la experiencia audiovisual, obra del francés Alexandre Desplat, que compuso la banda sonora de “La Forma del Agua”.

En lo que se refiere a las actuaciones, Óscar Isaac y Jacob Elordi son espectaculares, haciéndonos olvidar que estaban interpretando unos papeles y convirtiéndose ante nuestros ojos en sus respectivos personajes, dándoles vida, en una paradoja con la esencia misma de la película.

Por su parte, Christoph Waltz y Mia Goth, cumplen también de buena forma en su actuación, aunque no llegan al virtuosismo de los protagonistas, en gran medida porque así lo pide el guión, pero nunca por falta de talento, que, por cierto, queda de manifiesto en esta cinta, tan sólo por citar un ejemplo, en que Goth interpretó no sólo a la prometida del hermano de Víctor Frankenstein, sino también a su madre, sin que la mayoría de los espectadores lo notara.

Si en “El Laberinto del Fauno” nos fascinamos con el mundo mágico en el que se adentra la niña o en “La Forma del Agua” nos conmovimos con una sublime historia de amor; en “Frankenstein” el tapatío logra todo esto y mucho más alcanzando un nuevo nivel de virtuosismo. Descarnada, hermosa, melancólica, metafórica, igual que la vida misma, eso y más es “Frankenstein”, de Guillermo del Toro. Imperdible, inolvidable.

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