Culturizando

El Caballo de Alfonso Michel

Jaime OBISPO MARTÍNEZ – Dimensión

Hacia el final de su libro sobre Alfonso Michel, Olivier Debroise escribe la siguiente conjetura a propósito de los cuadros Fiesta I y II correspondientes a la serie de obras que el colimense dedicó a la tauromaquia: “Quizá se pueda interpretar (…) como metáfora subjetiva y personal del propio Alfonso Michel, víctima de la fiesta perpetua que fue su vida”.

Debroise aventura esta sospecha a partir de los hechos biográficos de un Alfonso Michel empeñado muchas veces en realizar constantes viajes, más preocupado por experimentar una buena vida que por lograr el rigor de una disciplina profesional para el desarrollo de su obra.

Bajo la interpretación que deja intuir el crítico nacido en Jerusalén, en los cuadros Fiesta I y II, las dos figuras que allí aparecen podrían interpretarse como síntomas de una psique dividida de Alfonso Michel, desdoblado en sendas personalidades. Por un lado, el toro negro que empitona con enjundia loca representan las pasiones que arrastran al pintor a viajar como vagabundo por medio mundo, mientras que, por otro, el caballo blanco y embestido transfigura su otra personalidad: calma, productiva, herida y escasa.

En todo caso, gracias a la posibilidad polisémica que hay en todo símbolo abierto (como sucede en las obras pictóricas modernas) otra interpretación similar es posible si se ensamblan algunos hechos particulares también extraídos de la biografía de Alfonso Michel.

A saber: entre 1945 y 1946 Michel hace un viaje a Nueva York para inaugurar una exposición. Allá conoció a una mujer que describe como “dama encopetadísima”, que lo invita unos días a su rancho en Long Island. Esta mujer, de clase alta, tiene un santuario de caballos viejos rescatados de la vida circense. Esto nos abre la conjetura para asegurar que de ahí viene el origen del cuadro “Agonía (La muerte del circo)” fechado en 1949, cuya función principal fue la de anticipar un mural para el rancho de la mencionada mujer y que finalmente no se llevó a cabo.

Esta sería la primera aparición del caballo blanco como símbolo del dolor en la narrativa de Michel y a la vez, inaugura una serie de obras que abordan temas en los que se refleja la tristeza, la agonía y la muerte. Además, produce un cambio en su estilo: una profunda economía cromática en sus cuadros que, en este periodo, transmiten una solemne sobriedad.

Quizá en esta etapa inicia también la posibilidad de un símbolo personal, un signo identitario en el cual se esconde su personalidad y sella una figura que podría figurar como la patente de una firma artística.

El caballo blanco en agonía (por vejez o por enfermedad) tiene una clara relación con la vida personal de Alfonso Michel. Recuérdese que, desde temprana edad, sufrió las secuelas de un paludismo mal tratado que lo condicionó el resto de su vida, hasta convertirse en el factor que lo llevaría a una muerte prematura.

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